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Cuando algo en tu vida pide ser mirado

17 ago
3 min de lectura

A veces experimentamos momentos extraños en la vida.


No necesariamente estamos mal.


Seguimos trabajando, cuidando a quienes amamos, haciendo planes, resolviendo lo cotidiano. Nos reímos. Salimos. Tenemos proyectos.


La vida continúa.


Y, sin embargo, hay algo que no termina de acomodarse por dentro.


Puede ser una relación que nos moviliza más de lo que quisiéramos.

Una decisión que postergamos.

Una sensación de estar viviendo bien, pero no exactamente donde queremos estar.


Algo que vuelve.

Una incomodidad difícil de explicar.


No es una crisis.

Tampoco necesariamente necesitamos cambiar nuestra vida entera.


Pero hay algo allí.

Y lo sabemos.


Hay cosas que empiezan mucho antes de que podamos nombrarlas.


A veces intentamos seguir adelante.

Y muchas veces podemos.


Hasta que una conversación, un encuentro, una pérdida, una oportunidad o incluso algo aparentemente insignificante vuelve a tocar ese lugar.


Entonces aparece esa sensación tan particular:

esto significa algo para mí, aunque todavía no sepa exactamente qué.


Quizás ahí comienza uno de los movimientos más profundos del desarrollo personal.


No cuando encontramos una respuesta.

Sino cuando dejamos de pasar por encima de aquello que sentimos.


Cuando podemos detenernos delante de nuestra propia experiencia y decir:

quiero comprender qué me está pasando.



Porque lo que vemos no siempre es todo lo que está ocurriendo



Una relación nunca es solamente una relación.

Una elección profesional no ocurre separada de la historia de quien tiene que elegir.

Nuestra manera de amar, de cuidar, de recibir, de poner límites, de construir seguridad, de atravesar las pérdidas o de permitirnos crecer se fue formando a lo largo de una vida.


Somos presente.

Pero también somos historia.


Somos vínculos.

Somos aprendizajes.


Somos aquello que elegimos conscientemente y también muchas maneras de vivir que incorporamos mucho antes de tener palabras para comprenderlas.


Por eso hay experiencias que no se transforman simplemente diciéndonos:

“Tengo que dejar de hacer esto.”


Lo sabemos.


Y, sin embargo, algo continúa.


No porque nos falte voluntad.

Quizás porque comprender es mucho más profundo que saber.


Aparecen momentos en los que necesitamos acercarnos


No para revolver eternamente el pasado.

No para buscar una causa escondida detrás de cada cosa que nos ocurre.


Y tampoco para convertir nuestra vida en un problema que necesita ser resuelto.


Al contrario.

Para acercarnos a ella.


Mirarla con suficiente profundidad como para descubrir qué está intentando mostrarnos ese momento particular.


Porque algunas experiencias llegan para ser atravesadas.

Otras para ser aceptadas.

Algunas necesitan una decisión.

Otras, un límite.


Y hay algunas que simplemente necesitan que podamos mirarlas desde un lugar desde el que nunca antes las habíamos mirado.


Entonces algo comienza a ordenarse.

No necesariamente afuera.

Primero adentro.


Y a veces una sola comprensión cambia el lugar desde donde vivimos


No siempre necesitamos transformar toda nuestra vida.

A veces necesitamos comprender profundamente una pequeña parte de ella.


Ese vínculo.

Esa elección.

Ese miedo.

Esa repetición.


Ese momento en el que estamos parados frente a dos caminos y ninguno parece completamente nuestro.


Porque cuando algo puede ser visto con mayor claridad, ya no volvemos exactamente al mismo lugar.


Quizás las circunstancias continúen siendo las mismas.


Pero nosotros ya no somos exactamente quienes éramos antes de comprenderlo.

Y desde allí podemos elegir diferente.


Poner un límite.

Abrir una posibilidad.

Cerrar una historia.

Tomar una decisión.


O simplemente dejar de luchar contra algo que finalmente pudimos comprender.


Hay momentos que no necesitan una respuesta inmediata


Necesitan espacio.

Una mirada profunda.

Un lugar donde aquello que estamos viviendo pueda desplegarse sin ser apresurado.


Porque la vida no siempre nos habla mediante grandes acontecimientos.


A veces lo hace a través de una pequeña incomodidad que insiste.


De una emoción que vuelve.

De algo que no conseguimos explicar.

De esa sensación íntima de que hay una parte de nuestra historia que todavía necesita ser mirada.


Y quizás el comienzo no sea preguntarnos qué tenemos que hacer.


Quizás sea algo mucho más sencillo.

Detenernos frente a aquello que está llamando nuestra atención.


Porque cuando algo dentro nuestro insiste en ser mirado,

tal vez no esté pidiendo que cambiemos toda nuestra vida.


Tal vez esté pidiendo solamente que, por un momento,

dejemos de mirar hacia otro lado.


Te espero en El Portal.


Con inmenso amor.

Laly Marquez

Terapeuta del Alma



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