Casi todos los días de mi vida despertarme cada mañana era demasiado doloroso. No sabría cómo explicarlo. Solo sentía que vivir pesaba demasiado. Intenté escapar de ese dolor de todas las maneras que conocía, y de las que se me presentaran para no sentirlo más. Por un instante parecía desaparecer. Pero siempre volvía. Más profundo. Más silencioso. Más desesperado. Cuando comencé mi terapia pensé que iba a encontrar otra persona más intentando corregirme. Otra persona diciéndo